Un visitante desprevenido podría equivocarse. Tanto Toyota junto, impecables, blanquísimos, como recién sacados del horno, no pueden pertenecer a ningún organismo humanitario que desarrolle su actividad en una ciudad polvorienta, sucia, que acaba de sufrir el peor desastre natural del continente. Pero no es un gigantesco concesionario de la marca japonesa, sino el cuartel general de una misión de la ONU , destacada en el país más pobre de América para sacarlo de la miseria. A la organización con sede en Nueva York le han llovido las críticas no sólo por la lentitud con que actuaron tras el seísmo , pese a llevar seis años en Haití. También porque durante los primeros días parecían no tener cabeza para nada distinto que no fuera rescatar a sus funcionarios, atrapados en las ruinas de una de sus sedes, y asegurar que el resto de su personal abandonaba sus casas y se refugiaban en el Minustah (nombre de la misión especial). Allí podían dormir en tiendas de campaña y habitáculos pref...
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