Precisamente fue esa puerta lo que hizo sospechar hace semanas al vecindario o, al menos, a quienes se quejan de las obras y sus martillazos y hablan con los obreros para saber hasta cuándo tendrán que soportarlos. Los albañiles explicaron que estaban colocando dos puertas blindadas , la principal, algo común en Madrid o Barcelona, pero inusual en Bogotá, y, más raro aún, la del vestidor. Huum… ¿vestidor?... tan raro. Otro día fueron las ventanas que estaban cambiando para poner unas a prueba de balas. ¿En un estudio de 70 metros cuadrados tantas precauciones? Y, para remate, les mandaron construir dos paredes falsas como para esconder cosas. ¿Huumm? Luego uno ve los coches, todos caros y grandes, del tipo que les fascina a la tribu “narca”: un todoterreno BMW y dos Toyotas enormes, un Land Crusier último modelo y otro Tundrer con platón. ¿Tanto juguete para un solo dueño? Vaya, vaya. Apareció otro dato imprescindible para armar el puzzle: las nenas divinas, delgadas, embutidas en rop...
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