Por fortuna para los poderes Legislativo y Judicial de Colombia, y para nosotros los periodistas, el gobierno respeta las libertades que el vecino golpista reprime con dureza. Cada día, decenas de profesionales independientes, de trabajadores cualificados, escapan de las garras del chavismo hacia Panamá, Colombia, Costa Rica o Estados Unidos, mientras el mundo occidental prefiere fijar sus ojos en la inagotable chequera de Hugo Chávez a la espera de sacarle sus petrodólares . En Colombia ese personaje siniestro merece el repudio generalizado, nunca inferior al 80 por ciento en las encuestas. Pero sus cotidianos atropellos pasan demasiadas veces desapercibidos por mucho que las pocas voces que siguen clamando en el desierto, a riesgo de su libertad y su vida, intenten difundirlas. Marta Colomina escribió una valiente columna en El Universal de Caracas donde explica los hechos recientes en Globovisión, al tiempo que intenta remover las conciencias indolentes. A continuación reproduzco...
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