Supe que una tertuliana propuso distribuir entre las naciones occidentales ricas los nueve millones de haitianos y cerrar el país . Lo dijo con naturalidad, en tono de estadista, y nadie le rebatió. Como si Haití fuese una colonia. Es indudable que era una nación al borde del precipicio antes del terremoto y que la catástrofe vino a empujarla. Pero también que los cinco años de misión especial de la ONU, con todos sus defectos, su pesada burocracia y sus congénitas ineficacias, había logrado llevar algún adelanto. Del Puerto Príncipe que conocí en el 2004, también devastado por los desórdenes callejeros que se prolongaron durante semanas, adiviné entre los escombros y los edificios derruidos muchas construccion es nuevas, centros comerciales y edificios de tres y cuatro alturas que debieron ser oficinas, concesionarios de autos, hoteles. Era un progreso ínfimo comparado con las inabordables necesidades colectivas, pero era algo. La mayoría de los haitianos vivían de los dineros que l...
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