Antanas Mockus y su gente no comprendieron que hay momentos para jugar y momentos para ser serios y trascendentes, que su aplastante derrota fue producto de sus propios errores, y no sólo por los métodos siniestros de la maquinaria de Juan Manuel Santos como aún siguen creyendo.
De acuerdo que el Presidente y su gobierno, en contra de la ley, ayudaron al ex ministro de Defensa y que a los beneficiarios del Sena (centro público de estudios profesionales) y del programa de Familias en Acción, entre otros, les metieron miedo repitiendo la falsedad de que Los Verdes acabarían con todos los subsidios. Pero eso no explica el respaldo de 6.700.000 votos contra solo 3.100.000. Porque ni siquiera en Bogotá, que gobernaron Mockus y sus lugartenientes Enrique Peñalosa y Lucho Garzón, y donde reina el “voto de opinión”, consiguieron vencer a Santos.
La verdad, les guste o no reconocerlo, es que Mockus, obligado a despejar dudas sobre su carácter, a demostrar que no es un salto al vacío, se estrelló en los diez días finales de campaña. Por eso las encuestas se equivocaron tanto, porque hicieron la última radiografía antes de cuatro debates televisados que fueron decisivos, y cuando aún el profesor no había encadenado una serie de meteduras de pata o de declaraciones sinceras, como prefieran llamarlo.
Un día dijo que subiría los impuestos y el IVA, promesa honesta que suele tener pésima acogida entre los votantes. En otra ocasión afirmó que un médico debería ganar un millón de pesos (500 dólares) pero que si podía contratar colegas tan preparados como él para trabajar en centro públicos por 800.000 (400 dólares), estaría en el deber de hacerlo.
Como era de esperar, se le vino encima no una ola de fervor sino un huracán de críticas que tuvo que sortear con rectificaciones y explicaciones poco convincentes.
Tampoco brilló en los debates, sobre todo en los que cada cual se gana su espacio. Mockus no es una fiera acostumbrada a saltar sobre la yugular de sus adversarios, interrumpiendo cada vez que se le antoje. Prefiere guardar silencio a la espera de que el domador le permita saltar a la pista. Frente a ex senadores de raza -Gustavo Petro y Germán Vargas Lleras-, quedó disminuido. Y tampoco superó a Juan Manuel Santos, que no destaca como orador pero cobró protagonismo porque fue el blanco de todos los ataques y supo defenderse.
Con el paso de los días la ‘ola verde’ perdía fuerza y aumentaban las dudas de muchos colombianos, sin que lo registraran los sondeos de opinión porque ya no les permitían publicar sus resultados.
Tampoco le benefició el que las encuestas coincidieran en predecir una inevitable segunda vuelta. Vargas Lleras y Petro, que transmitieron en todos los debates conocimientos y buen programa de gobierno, y que eran víctimas del llamado ‘voto útil’, atrajeron cientos de miles de sufragantes que sabían que no ganarían pero deseaban mostrarles su reconocimiento.
Mockus aceptó, porque nunca omite una autocrítica, que se equivocó el domingo y en otras ocasiones. Es consciente de que será titánico acortar distancias, confrontar a la politiquería de siempre, a los uribistas pura sangre, que son legión, pero no descarta el milagro de convencer a abstencionistas a que acudan a las urnas para derrotar al acorazado Santos, reforzado por el apoyo de todos los parlamentario conservadores, más de la mitad de los liberales y unos cuantos de Cambio Radical.
Aunque pierda, como parece, el 20 de junio, el profesor habrá logrado demostrarle al país que para millones de colombianos, combatir la corrupción y los atajos es prioritario.
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